Tailandia – Parte II

Sigo contándoos sobre el viaje a Tailandia, ya casi en el recuerdo como algo lejano, si es que la Navidad fue ya hace 3 meses!!! En fin, después de Bangkok nos dirigimos al Norte. Desde el aeropuerto de Chiang Mai, fuimos a la estación de autobuses para coger un minibús a Pai. Mientras esperábamos, comimos algo en uno de los puestos por allí, la verdad es que todos son del estilo y es difícil escoger. Optamos por uno que ofrecía pad thai, plato nacional de Tailandia. Hay dos versiones, la seca y más ligera, que es la que se come allí en la calle; y la otra, con más salsa y más pesada, que es la que se conoce más en occidente. Nos estaba sabiendo tan bueno hasta que vi una especia de cola larga que se metía por unas cajas. Acto instantáneo dejé de comer….

Tras 3 horas de viaje con curvas y más curvas, llegamos a Pai casi al anochecer. Esta pequeña ciudad, cerca de la frontera con Myanmar, es medio hippie, yo creo que como Ibiza antes. Pai solo tiene tres semáforos. Después de hacer el check in en un hotel super colonial, The Quarter, nos fuimos a dar una vuelta. Hacía hasta frío. Paramos en un mercadillo de 2ª mano a comprar algo de abrigo y nos dimos cuenta que vendían ropa occidental – Seguro que es lo que donamos los europeos y que allí lo venden – luego vamos nosotros, y lo volvemos a comprar, y encima decimos que “vaya chollo”!!! Me parto…

Mientras esperábamos, comimos algo en uno de los puestos por allí, la verdad es que todos son del estilo y es difícil escoger.

Al anochecer, todos son puestos de street food en las dos calles principales y sin tráfico. Algo curioso fueron unos pinchos de baby-sepias secas y planas, que pasan un poco por el fuego y luego por un fino rodillo, estaban un poco “chiclosas” pero mereció la pena probar. Todos los días cenábamos por ahí, nos íbamos a tomar una cerveza y nos llevábamos la comida al bar, sin problema.

A los pocos días volvimos a Chiang Mai, 2ª ciudad más importante de Tailandia y donde hay un sinfín de templos. El primer día fuimos a comer a: Ginger & Kafe. Ubicado en una mansión de los años 30 en el corazón de la ciudad. Qué decoración tan preciosa estilo rústico/colonial. Estos sitios son tan agradables que te hacen sentir bien y todo sabe mejor… Es un restaurante con un toque de galería de arte. Disfrutamos de una sofisticada cena foodie con platos como mini albóndigas de gambas y carne de cangrejo (pero de la de verdad, no los palitos de sucedáneo!); ensalada de flor de banano agridulce con gambas, pollo y cacahuetes; vieras salteadas con salsa de chilli y coco; o curry de mejillones con piña y leche de coco – Todo el menú con una pinta…. El último día, deambulando por las calles, fuimos a parar al Templo de la Plata y por allí comimos en un sitio, que fue el más barato de toda nuestra estancia. Creo que no costó ni 5 Euros a los tres! Lleno de lugareños, allí nadie hablaba inglés. Pedimos el consabido pad thai y otras cosas, que estaban haciendo en una barbacoa en la calle, la verdad es que un poco incomibles, pero pedimos más pad thai para no quedarnos con hambre. No vendían ni bebidas – tuvimos que ir a una tienda a comprar agua…

Qué contrastes y, sobre todo, vaya experiencia comer comida tailandesa auténtica, con su explosión de sabores, en Tailandia – Pura Gloria!