Mi carta blanca

Artistas fieles a Can Majoral, viendo algunas de sus obras, en la bodega.

Aunque el vino fue protagonista de la fiesta del 40 aniversario de la bodega Can Majoral, el arte y la buena música también mandaron en la velada. No faltaron a esta cita nocturna el grueso de artistas que durante cuatro décadas han creado imaginativas etiquetas para los vinos de la familia Oliver.

Ayer noche, se desarrolló la inauguración de la nueva bodega de Can Ribas, en Consell, cuyo arquitecto es José Rafael Moneo. A la misma hora, en el hotel Valparaíso se celebraba la sexta edición de la fiesta Mallorquines de Verano, siendo el homenajeado Kyril Saxe-Coburgo. Finalizando este julio, en la bodega Son Prim, en Sencelles, el ‘consejo regulador Vi de la Terra de Mallorca’, con más de cincuenta bodegas afiliadas, presentó su nueva imagen.

Hay un hotelero mallorquín al cual no le ha puesto nada nervioso el problema que actualmente tiene la costa caribeña mejicana de Quintana Ro, cuya capital es Cancum, en donde colegas y compatriotas suyos tienen hoteles, a causa de la invasión de los sargazos, alga caribeña muy agresiva. Y digo que, este hotelero ha respirado al no tener complejo hotelero en dicha zona de la que ahora huye el turismo. A él hace 20 años, a pesar de sus contactos en la zona, le prohibieron urbanizar una playa sagrada para los ecologistas mejicanos. En vista de lo cual decidió seguir invirtiendo en Cuba. Pero el tiempo pasó y la playa acabo urbanizada y las tortugas perdieron su hábitat y al no haber tortugas que se alimentan de los sargazos estos han proliferado y la playa, ahora, es insalubre y los turistas huyen de la zona.

Los auténticos bodegones de frutos de la mar en el Olivar, van a menos.

Me hace mucha gracia que algunos escribidores llamen banquete a una de esas comidas habituales que te ofrecen amigos o parientes cuando vas a Galicia, especialmente si son bodegueros o gentes de la náutica, en donde el marisco y el chuletón al asador de leña, regados con vinos del Ribeiro, la Rías Baixas o la Ribera Sacra suelen ser lo obligado. Y es que, en Galicia, como en otros puntos de la península, los restaurantes, por lo general, ofrecen buen precio, cantidad y calidad. No como ocurre en Mallorca y las Pitiusas; y especialmente en Formentera, en donde una sandía pequeña cuesta seis euros y en restaurante playeros un polo sale, como mínimo, a diez euros. En donde la cuenta del chiringuito se convierte en dolorosa, con riesgo de infarto. Y aseguran que en ese mar la piratería berberisca desapareció. 6801.png

Cada vez que entro en la zona de pescaderías del Mercado del Olivar noto la ausencia de algunas paradas. Ahora hay dos más cerradas y una en obras; seguro que es para un nuevo chiringuito de tapas. En la zona de carnicerías, otra está en venta. El goteo continuará, y en Cort, algunos seguirán en Babia.