Diario de un gourmet

Mauricio de Hinx

Hoy, mirar. Mirar y ver. ‘Un caballo sin verme me está mirando’ decía el poeta. En muchas ocasiones hacemos como el caballo, miramos y no vemos. No estamos atentos a lo que miramos.

Estoy leyendo un libro muy interesante sobre el mirar del escultor y diseñador Alberto Corazón, se titula ‘Una mirada en palabras’. En el libro Corazón habla de mirar viendo, de la mirada atenta. Él habla de ‘mirada profunda’ como aquella que va más allá de lo que ves. Y plantea una cuestión muy básica: ¿Cómo nos debemos relacionar con la obra de arte que miramos? El 99 % de nuestra cultura plática es parcial dado a que se basa en imágenes de las obras −éstas solo sirven para constatar que la obra existe−. El conocer y ver in situ la obra es la verdadera y genuina experiencia, no se puede soslayar de ninguna manera. ‘La obra que no ves no existe para ti’, escribí en un ensayo. Sí, ¡la empatía que desprende una obra de arte no se puede fotografiar! Hace unos años Mar y yo estuvimos en la gran exposición del Expresionismo Abstracto en Londres. Para mí el movimiento plástico más trascendente del siglo XX. La exposición fue una gran revelación (mi relación como estudioso del movimiento había sido casi siempre por medio de fotografías. El dichoso 99%. Recuerdo que únicamente había visto algunas obras de Motherwell y de Rothko). Cuando entré en la sala principal de la muestra me percaté del gran tamaño de las obras de Clyfford Still, la potencia plática era brutal. Caí anonadado ante su fuerza vital. El tamaño de la pintura es determinante para la misma; la dificultad de gran formato es exponencial. Mantener su pulso hace a un artista grande. Still sin duda los es.

Al salir de la exposición estábamos exhaustos de tanta excitación. ¡Ver cansa! Y decidimos darnos un break. Fuimos a almorzar a Abeno Too, un restaurante japones muy recomendable que se encuentra cerca de British Museum. El local es pequeño y agradable. Mientras nos cocinaban okonomi-yaki de camarones, Mar y yo hablábamos de la magnífica exposición que habíamos visto. Los dos llegamos a la conclusión de la importancia que tiene la presencia de la obra para hacer una correcta reflexión sobre ella.

Okonomi-yaki significa ‘cocinado a su gusto’. En una plancha se cocina una masa hecha de harina, ñame rallado (un bulbo parecido a la batata), agua y huevo con ingredientes a tu gusto. Cuando lo hacen in situ, en la mesa, es todo un ritual. El maestro cocinero mima la masa en la plancha y va cocinando los demás ingredientes creando una gran torta que se acompaña de salsas. Por un instante el mundo se detiene: ‘solo existen las viandas y la plancha. Mar y yo, vemos lo que miramos y nos entra hambre.’

Volviendo al libro de Alberto Corazón, en el último capítulo habla sobre las ‘naturalezas muertas’. Corazón te hace ver la importancia que tiene el ‘bodegón’ como género en la pintura. El artista en las ‘naturalezas muertas’ despoja de su vida intrínseca a los motivos que pinta dándoles toda su dimensión plástica; por medio de la pintura consigue que una simple zanahoria o un repollo adquieran una nueva vida. Sánchez Cotán, Velázquez, Picasso… ha nsido maestros del género. Seguro que si alguno de ellos hubiera visto la sutileza del maestro cocinando el okonomi-yaki lo habría pintado.