Diario de un gourmet

Mauricio de Hinx

Hoy, tormenta. El verano se acaba. El aroma a pinaza mojada envuelve la estancia donde me encuentro. Escribo estas líneas en una galería, junto a los pinos. Entre ellos veo el mar. Ahora, está calmo, no como hace un rato cuando la nube, grande negra, rugía en el cielo. Más allá de los pinos y las rocas, en una diminuta playa, ha zozobrado un pequeño velero; desde aquí puedo ver su mástil caído.

Antes de la tormenta estaba escribiendo un relato. De hecho, reescribía un relato por enésima vez. Me gusta reescribir. Es como si la acción, el tempo de lo relatado, cobrara otra vez vida. Pienso en Lowry –salvando, por supuesto, las distancias– que reescribió ‘Bajo el Volcán´ muchas veces. Una de ellas, dicen, que lo tuvo que escribir de nuevo porque perdió el manuscrito original. Lowry era un escritor obsesivo y me supongo que muchos de sus pasajes se los sabía de memoria. Sea como sea, la pregunta que me hago, cuando pienso en Malcolm Lowry y su manuscrito varias veces reescrito, es si la versión que nos ha llegado a nosotros es la mejor de todas. ¿Cómo saberlo? Lowry estuvo diez años manejando la novela; además, intervinieron y opinaron sobre el texto editores y correctores. ¡Por suerte! El autor se mantuvo firme, no dejó que se entrometieran en su trabajo. No sabemos si la novela tal como la conocemos es la mejor versión, o por lo menos yo no lo sé– puede que haya una tesis doctoral sobre el tema y esté todo aclarado– . Lo que sí sé es que ‘Bajo el volcán’, así como nos ha llegado, es una gran novela que recomiendo leer.

‘Albergínies farcides’–así se llama su plato- son deliciosas. Las suele hacer en esta época porque es cuando están mejor. Elena las borda. Me gustan mucho porque las rellena de su propia pulpa hecha a la brasa–esto les da un ligero sabor ahumado- acompañada de un buen sofrito y con un poco de carne de ternera picada con bacon

Estaba con estas cuitas, cuando se presentó en casa Elena con una bandeja de berenjenas rellenas al horno. Elena es nuestra vecina. Estamos pasando unos días en una pequeña casa en la costa de Cala Ratjada, junto a Es Carregador. Es un lugar idílico. A Mar le encanta. La casa que se llama ‘Sis pins’. Es de unos amigos austriacos y nos la dejan una semana al final de agosto cuando ellos se van a subir montañas a Trins cerca de Innsbruck. Durante esta semana Mar y yo nos dedicamos al dolce far niente. Mar suele leer –por cierto, está leyendo ‘Bajo el volcán’ y por eso me ha venido a colación– y tomar el sol. Yo, leo y escribo. Por las noches solemos cenar en casa con amigos o en las casas de nuestros vecinos. Hoy toca la nuestra, y Elena ha cocinado las berenjenas. ‘Albergínies farcides’– así se llama su plato– son deliciosas. Las suele hacer en esta época porque es cuando están mejor. Elena las borda. Me gustan mucho porque las rellena de su propia pulpa hecha a la brasa –esto les da un ligero sabor ahumado– acompañada de un buen sofrito y con un poco de carne de ternera picada con bacon. Son sublimes. Acompañaremos las berenjenas con una crema de calabacín con jengibre y de postre, panna cotta al limón. El vino que voy a regalar hoy en la cena, va a ser un caldo de Monticello (Siena) de la bodega Col d’Orcia, el tinto Olmaia 2014. Es un tinto exquisito, espero que guste.

La calma que ha dejado la gran tormenta es reparadora. El cielo y el mar se han quedado grises, de color plomo. En la pequeña playa donde se encuentra el velero varado, el agua es marrón; el torrente que desemboca allí ha tintado el agua con tierra. Me levanto de mi mesa y voy a buscar a Mar, no sé cómo le va con Lowry.