Diario de un Gourmet

Mauricio de Hinx

Hoy, Marinella. Hoy he vuelto a Marinella y he rememorado mi entrevista de hace dos veranos con Salvo Montalbano. ¡Salvo se muere! Hace unos días saltó la noticia de que el gran Camilleri había sido hospitalizado y se encontraba muy grave. ¿Qué vamos a hacer sin él? ¿Qué será de nosotros sin la ironía del comisario Montalbano? ¿Qué será de nosotros sin la literatura de Camilleri? ¿Deberemos, acaso, releer y releer sus obras como si entráramos en un bucle lector? Bueno, aún hay esperanza de que remonte y podamos seguir disfrutando de su presencia.

En vista de esta triste noticia ha surgido en mi corazón la dicha de haber podido, después de muchos años de intentarlo, entrevistar a Montalbano. De hecho, en la crónica que en su momento escribí ya decía: ‘Aunque conozco a Salvo desde hace mucho tiempo y he seguido con fruición todas sus pesquisas, he decir que hacer una entrevista a un personaje de ficción tiene su miga, espero que el maestro Camilleri, su creador, me ayudará en mi misión’.

Adelina se puso a cocinar y me acerqué a ver que hacía. Una ‘Pasta n’casciata’, me dijo. Al dottore le gusta mucho, recalcó. Le pregunté por la receta…

Fueron muy agradables los días que pasé con Salvù (así le llaman sus amigos) en Vigàta. Era verano, el mar en Marinella reflejaba al sol mientras los barcos cruzaban el horizonte. Recuerdo que un día que estaba en el porche de Marinella esperando al comisario, apareció Adelina, a la que ya conocía. Adelina se puso a cocinar y me acerqué a ver que hacía. Una ‘Pasta n’casciata’, me dijo. Al dottore le gusta mucho, recalcó. Le pregunté por la receta. Para hacer unos buena pasta n’casciata, siguió diciendo Adelina, utilizo 400 g de maccheroncini , 200 g de carne picada de cerdo, una berenjena , dos huevos, 200 g de mozzarella, 100 g de mortadela en cubos , 200 g de queso pecorino rallado, 100 g de parmesano, salsa de tomate, vino blanco, aceite, sal, pimienta y albahaca fresca. Adelina, primero rehogó en aceite de oliva la carne de cerdo picada y salpimentada, y cuando cambió su color, le agregó un vaso de vino blanco. Luego, dejó que se evaporase el alcohol antes de añadir la salsa de tomate junto con la albahaca. Después, esperó que todo el conjunto espesara y le añadió la mortadela, el queso pecorino y la mozzarella.

Removió bien y lo mezcló delicadamente con los maccheroncini al dente e introdujo todo en una fuente de horno y espolvoreó con el parmesano. Felicité a Adelina. El plato tenía una pinta magnífica. Miré el reloj y vi que casi ya era la hora de comer y me volví al porche para seguir contemplando el mar. Como era un día nítido, límpido, me pareció que en la línea del horizonte se podía divisar un puntito diminuto, era la isla de Pantelaria.

Estos días, antes de la triste noticia, estuve leyendo el último libro de Camilleri, el último Montalbano que nos ha llegado. Se trata de ‘El carrusel de las confusiones’ donde el virtuosismo del autor queda otra vez patente: la trama fluye manteniendo la tensión y la intriga, sin decaer en ningún momento. Aunque hay que decir que Salvo ya está mayor, que ha perdido reflejos, pero ha ganado en sabiduría. Un libro que vale la pena leer. Aunque, para todos aquellos que no han seguido las novelas de Montalbano, les recomiendo empezar por el principio de la saga e ir creciendo con el propio autor.

No sé cuánto vivirá el gran Camilleri, ni si estaré a tiempo para hacerle otra entrevista a Salvù; pero sí sé que tanto el uno como el otro vivirán para siempre en mi corazón. Por el momento voy a cocinar una ‘Pasta n’casiata’ y me la comeré a su salud.