La gran aventura del mar

En un momento de la mañana, al capitán de navío Jack Audrey (el famoso protagonista de las novelas de Patrick O’Brian), estando su barco navegando en aguas del océano Índico, le comunica el contramaestre que las reservas de agua dulce del buque se están acabando. El capitán, ante la situación, debe tomar una decisión arriesgada, poner rumbo al sur para encontrar un iceberg y provisionarse de agua. La singladura será toda una aventura.

Benoït Croc-Soulages

El gran auge que se produjo en la navegación en el siglo XVIII y principios del XIX, representó una de las mayores hazañas de la humanidad; en esos tiempos se construyeron grandes veleros que surcaban mares ignotos, en busca de riqueza y gloria. Militares, comerciantes, aventureros, corsarios, piratas se dieron cita en la mar. Uno de los problemas, en los largos viajes oceánicos, era alimentar a la tripulación, tanto a la oficialidad, como la marinería y el pasaje. La marina británica fue la gran pionera en crear un protocolo para la alimentación a bordo, ajustando los menús de las comidas a las características del barco, la singladura a realizar y el estado de la mar.

En esa época como las cocinas eran de leña no se podía cocinar con temporal, si no querías incendiar el barco y, por tanto, tenías que tener a bordo comida que se pudiera servir fría y que aportara a la tripulación las calorías suficientes para llevar a cabo su actividad. Ahora, el problema más acuciante que se encontraron, al no disponer a bordo de productos frescos, fue el escorbuto; debido la falta de vitamina C en la dieta muy proteica que consumían; basada en carnes, quesos, cereales y salazones. El escorbuto diezmaba a las tripulaciones. Fue el médico naval británico James Lind el que descubrió que añadiendo cítricos a la dieta se podía prevenir y curar la enfermedad.

Si están interesados en este capítulo de la humanidad, en la gran aventura del mar, el que lo describe con todo detalle es Patrick O’Brian. Les recomiendo vivamente sus novelas.